Las amigas también son el amor de la vida
El amor que permanece: celebrando a las amigas que transforman nuestras vidas.
Las Amigas Que Se Quedan en el Alma
No todos los grandes amores llegan en forma de romance. Algunos llegan en forma de mujeres que sostienen tu vida cuando tú ya no puedes hacerlo sola.
Esas son las amigas.
Las que pertenecen a ese tipo de amor que permanece.
A veces, el mundo habla del amor como si solo existiera en las historias románticas, pero pocas veces se honra el amor inmenso, silencioso e incondicional de las mujeres que caminan a nuestro lado.
Y qué increíble es pensar que Dios y el universo pueden poner en nuestro camino seres de luz capaces de conectar con nuestra alma tan profundamente, aun sin compartir la misma sangre.
Porque todas soñamos con tener amigas así. Amigas verdaderas.
De esas que conocen nuestras versiones más rotas y, aun así, deciden quedarse. Las que celebran nuestros logros como si fueran propios, incluso sintiéndose más orgullosas de nosotras que nosotras mismas. Las que responden llamadas a medianoche o manejan hasta tu casa porque escucharon tu voz quebrarse y supieron que algo no estaba bien.
Las que se sientan contigo en silencio cuando no tienes fuerzas para hablar.
Las que, después de meses —o incluso años— sin verse, hacen que el tiempo simplemente desaparezca.
En mi vida he sido profundamente bendecida por el amor de mi familia y por estar rodeada de personas maravillosas. Pero también he tenido el privilegio de encontrar mujeres que no compiten conmigo, sino que me levantan. Mujeres que me recuerdan quién soy cuando yo lo olvido. Mujeres que celebran mi luz sin intentar apagarla.
Las mías —mis amigas— me han enseñado, a lo largo de los años y en incontables momentos, muchas veces sin siquiera darse cuenta, que el amor también puede verse como lealtad.
Como cuidado en los pequeños detalles.
Como protección cuando necesitas un espacio seguro.
Como la voz honesta que te dice lo que necesitas escuchar, aunque no siempre quieras oírlo.
Como elegir quedarse y acompañarte incluso en los momentos en que una no es la mejor compañía y ya no sabe cómo sostenerse sola.
En mis momentos más difíciles, cuando tuve que atravesar un divorcio, cuando he sentido el dolor de la violencia o la pérdida de un ser amado, ellas estuvieron ahí. Con sus abrazos y sus lágrimas. Con sus palabras o con su silencio.
Pero también estuvieron en los momentos más felices: celebrando conmigo cuando encontré el amor de un hombre maravilloso, cuando cumplí sueños y recordándome, incluso en mis momentos de duda, que también merezco todo lo bueno que la vida tiene para ofrecer.
Las amigas son eso: la prueba de que Dios también nos abraza a través de otras personas.
Si tienes la misma fortuna que tengo yo, comparte este artículo con esas amigas que, como las mías, han llenado tu vida de amor y merecen recordar lo importantes que son.
GRACIAS a ustedes:
… las que se convierten en refugio,
… las que escuchan sin juzgar,
… las que aparecen sin que las llamen,
… las que aman desde la sinceridad más pura.
Y si algún día olvidan lo importantes que son, espero que vuelvan a leer esto.
Dicen que hay personas que llegan a tu vida por una razón, por una temporada y otras que terminan siendo para toda la vida.
Las mías no solo llegaron a mi vida.
Las mías se quedaron en mi alma.